lunes, 23 de abril de 2012
DE CIUDAD Y DE TI. (De un pasado que volvió a pasarme)
Una fonda pequeña en la calle de Parras, las mesas llenas, el día más alegre que uno y más caluroso, el hambre haciendo lo suyo y nosotros esperando; en la espera, de pronto, como si se clavara una daga en el vientre, el sonido de un acordeón en manos de un joven, un sonido que detuvo el tiempo o lo volvió pasado, un pasado que por un instante te volvió presente para pensarte en ese viento de mágica nostalgia.
Ahora me pregunto si, en realidad, alguna vez fuiste...
...o te inventé para pensarte un día como hoy.
sábado, 3 de marzo de 2012
TE ESTOY CEDIENDO MIS TERRITORIOS MÁS COMPLEJOS
Te estoy cediendo mis territorios más complejos, mi cúmulo de yoes, mi saliva, mi sangre y mis estepas donde descansaba en soledad. Te estoy entregando, sin que lo sepas, más signos que palabras, más noches y más sábanas, menos letras, más profundas cavilaciones sobre ti que no te cuento, pero las conoces.Te estás apropiando de mis viejas historias para deshacerte de ellas, de los cuerpos exhumados para volver a enterrarlos.
Has ganado terreno en la sorpresa por encima de lo cotidiano y aún así te sorprendo dudando, como yo, dudando.
Desde ahora ya tienes pequeños condados en la tierra de mis sueños y otros cuantos en la de mis recuerdos. Te pertenece ya parte de mi terraza y quizás la silla que sobra de la mesa, un buen pedazo del colchón y de mis ganas; ganas de prolongar tu mirada cuando despiertas, de vivir en tu boca y de tu aliento, de leerte el alma con lupa y la pasión con deseo.
Me has arrebatado, sin aviso, el yo, y lo estás convirtiendo sin consciencia, en la posibilidad de un nosotros; al menos ya tienes mi aquí con cautela, mi ahora expectante. Y reconozco tu audacia para conseguir mi presente y tu astucia para obtener mi ausente, porque te has robado mi "no estoy" y lo estás transformando en un "siempre"...aunque te sé dudando, como yo, dudando.
viernes, 27 de enero de 2012
QUIERO MOJAR MIS PALABRAS
Quiero mojar mis palabras y sacudirles el polvo, limpiar sus raspones, retocar las orillas, reacomodar sus silencios o llenarlos de tinta fresca, quiero acentuarlas donde me dé la gana. Quiero lavarles las manchas de café, cambiar las mayúsculas de lugar, escurrirles la sangre o salpicarlas, lavarles el pretérito a las que no lo merezcan y arrancarles la segunda persona del singular que las lastima.
Quiero quitarles la tierra, limpiarles la ceniza, ponerles saliva en las heridas y en las tildes, remarcar las eñes (que me dan risa), descoser las haches para ver qué se vuelven, deshacer los pronombres personales e inventar algo más general que no hable de ti o de mí, que no hable de ti conmigo.
Quiero limpiar el cochambre de mis palabras, escogerles el tiempo y el lugar, esconderles pistas y borrarles comas, darles espacio, teñirlas, cortarlas, secarlas, inflarlas, convertirlas, hacerlas verbo...llorarlas.
Quiero quitarles la tierra, limpiarles la ceniza, ponerles saliva en las heridas y en las tildes, remarcar las eñes (que me dan risa), descoser las haches para ver qué se vuelven, deshacer los pronombres personales e inventar algo más general que no hable de ti o de mí, que no hable de ti conmigo.
Quiero limpiar el cochambre de mis palabras, escogerles el tiempo y el lugar, esconderles pistas y borrarles comas, darles espacio, teñirlas, cortarlas, secarlas, inflarlas, convertirlas, hacerlas verbo...llorarlas.
martes, 17 de enero de 2012
YA NO TE LLEVO
Ya no te cargo en la espalda ni te tengo en el pie izquierdo. No te has metido en mi almohada, no te llevo en el hombro ni te tengo en las palmas, no estás en las pantorrillas ni en los codos, ni has venido a mis lecturas de noche. Ya no te veo con el sol de domingo ni te he buscado, como antes, en los charcos que se forman los días grises.
Ya no estás en la repisa y te quité del buró.
No estás ni en mis rodillas ni en mis lagrimales ni estás en cada esquina del cuarto ni te tengo en la comisura de los labios. Ya no te llevo, como antes, a todas partes, ni te traigo en el pecho ni estás en la frente.
Ya no estás en mi desayuno ni te cargo en mi invierno. No te tengo en el balcón ni estás ya en el estómago. Ya no eres luna, no eres noche, no eres país ni fuego, no eres tierra o lamento. Ya no te llevo.
No estás ni en el ombligo ni en la oreja.
Ya no te metes por la garganta con el café ni apareces en el humo de mi cigarro.
Ya no vienes a mi sonrisa aunque mi sonrisa venga. Ya no estás en mi llanto aunque lo tenga.
Dejé de escurrirte hace tiempo y también dejé de sudarte. Ya no te cargo en los párpados. Ya no te llevo en la punta de mis dedos. Ya no estás en otras bocas ni en los ojos ajenos y dejé de buscarte entre las sábanas. Ya no vienes ni a mis libros ni a mis sueños. Ya no eres adjetivo ni eres verbo. Ya no eres selva, no eres desierto, no eres raíz ni tiempo, no eres lágrima o cielo. Ya no te llevo.
Pero a veces, de cuando en cuando... todavía te recuerdo.
Ya no estás en la repisa y te quité del buró.
No estás ni en mis rodillas ni en mis lagrimales ni estás en cada esquina del cuarto ni te tengo en la comisura de los labios. Ya no te llevo, como antes, a todas partes, ni te traigo en el pecho ni estás en la frente.
Ya no estás en mi desayuno ni te cargo en mi invierno. No te tengo en el balcón ni estás ya en el estómago. Ya no eres luna, no eres noche, no eres país ni fuego, no eres tierra o lamento. Ya no te llevo.
No estás ni en el ombligo ni en la oreja.
Ya no te metes por la garganta con el café ni apareces en el humo de mi cigarro.
Ya no vienes a mi sonrisa aunque mi sonrisa venga. Ya no estás en mi llanto aunque lo tenga.
Dejé de escurrirte hace tiempo y también dejé de sudarte. Ya no te cargo en los párpados. Ya no te llevo en la punta de mis dedos. Ya no estás en otras bocas ni en los ojos ajenos y dejé de buscarte entre las sábanas. Ya no vienes ni a mis libros ni a mis sueños. Ya no eres adjetivo ni eres verbo. Ya no eres selva, no eres desierto, no eres raíz ni tiempo, no eres lágrima o cielo. Ya no te llevo.
Pero a veces, de cuando en cuando... todavía te recuerdo.
viernes, 18 de noviembre de 2011
DESDE LA ALMOHADA HASTA EL NADIE
Cuántas sábanas y yo hueco, desde la almohada hasta el nadie. Cuánta noche sin sueño ajeno desprendido de un antes contigo, arrancado de un yo amante, descocido desde el colchón hasta la cintura del viento. Cuánto cuarto para uno sólo, cuánto mundo para un viajante, cuánta cama y yo sobrándome, roto desde la espalda hasta el invierno, amarrado desde el silencio hasta las ramas de mis lagrimales, contraído desde el pecho hasta la falta de ganas, apretado desde los verbos hasta el final de mis talones, ausente desde mis dedos hasta mis puntos finales al margen de mis olvidos. Yo tan memoria y tan ausencia de madrugada. Cuántas ausencias, memorias, olvidos, cuántos márgenes y puntos finales, cuántos dedos y talones y verbos, cuánto colchón y cuánto antes...pero qué poco después; cuánto yo hay esta noche, pero sobre todo ¡cuánto sin ti!
miércoles, 12 de octubre de 2011
ME PASA QUE ME ENFERMO
Me pasa que me enfermo de ciudad y de días grises, de ver los sueños colgados en las ventanas al lado de las toallas mojadas y la ropa blanca recién lavada en esta vecindad contemporánea de dioses olvidados, de ideales rotos y de sangre brotando de las coladeras.
Sucede que se me revuelve en el vientre la masa de soledades cuando paso caminando entre la fonda de Doña Inés y el despacho contable. Me enfermo y me duelen las plantas de los pies y las pestañas cuando camino junto a los abarrotes silentes y magullados, las cafeterías con su olor a sueños podridos, los jardines de excremento emocional, las calles que cruzan por los esfínteres del hombre, por la entraña que desemboca los domingos.
Hay días como hoy, en que me enfermo tan sólo por mirar hacia el vacío, ese abismo, allá en el horizonte, que aguarda la caída en serie de toda hormiga con portafolios, de todo ente que ni si quiera puede voltear a verse a sí mismo.
Se me espesa la sangre con grumos de indiferencia, escupo flemas de dolor ajeno, e impotente lloro, enfermo lloro...porque duele.
Sucede que se me revuelve en el vientre la masa de soledades cuando paso caminando entre la fonda de Doña Inés y el despacho contable. Me enfermo y me duelen las plantas de los pies y las pestañas cuando camino junto a los abarrotes silentes y magullados, las cafeterías con su olor a sueños podridos, los jardines de excremento emocional, las calles que cruzan por los esfínteres del hombre, por la entraña que desemboca los domingos.
Hay días como hoy, en que me enfermo tan sólo por mirar hacia el vacío, ese abismo, allá en el horizonte, que aguarda la caída en serie de toda hormiga con portafolios, de todo ente que ni si quiera puede voltear a verse a sí mismo.
Se me espesa la sangre con grumos de indiferencia, escupo flemas de dolor ajeno, e impotente lloro, enfermo lloro...porque duele.
sábado, 8 de octubre de 2011
DEBO SACARTE DE MÍ
Debo sacarte de mí. Tal vez comience por dejar de pensarte en las mañanas. Y a partir de pasado mañana, o un día después, deje de beberte en el café. Me han dicho que me dé tiempo, yo más bien quiero regalarme soledad y algunas copas de vino para asentar las memorias y sudarte.
He pensado quererte unos días más, los suficientes para que mi piel te absorba, para que mis ojos te escurran; los necesarios para hacer arder al tiempo y mis palabras todas, las dichas y las pensadas, las espantadas, las amorosas, quemarlas todas y hacer una hoguera en silencio que nos caliente el pasado para poder enfriarlo con aquello que no se dice, con el silencio que queda entre dos que se amaron tanto.
Unos días más de quererte tanto para que sepas que lo hago y hagas de ese amor lo que te plazca: mirarlo, masticarlo, escupirlo, abrazarlo, aventarlo por la ventana o echarlo al baño. Suena inútil, lo sé, pero quiero unos días más para terminar de comprender cómo es que se borra el tiempo y se hacen morir los años.
Que amar es un delirio alucinante, un mal demente de los hombres, una costumbre masoquista, una perversa manía; pero dejar de hacerlo se parece tanto a la muerte misma.
He pensado quererte unos días más, los suficientes para que mi piel te absorba, para que mis ojos te escurran; los necesarios para hacer arder al tiempo y mis palabras todas, las dichas y las pensadas, las espantadas, las amorosas, quemarlas todas y hacer una hoguera en silencio que nos caliente el pasado para poder enfriarlo con aquello que no se dice, con el silencio que queda entre dos que se amaron tanto.
Unos días más de quererte tanto para que sepas que lo hago y hagas de ese amor lo que te plazca: mirarlo, masticarlo, escupirlo, abrazarlo, aventarlo por la ventana o echarlo al baño. Suena inútil, lo sé, pero quiero unos días más para terminar de comprender cómo es que se borra el tiempo y se hacen morir los años.
Que amar es un delirio alucinante, un mal demente de los hombres, una costumbre masoquista, una perversa manía; pero dejar de hacerlo se parece tanto a la muerte misma.
EL ADIÓS TÁCITO
En el silencio postergado y corrupto se me caen ardiendo las manos y los ojos amargos; en la distancia se me tuerce el tiempo y te quiere volver fantasma, pero esta noche no que esta noche me volvió a quemar el adiós tácito, este adiós escondido por miedo a ser pronunciado pero contundente, aunque con ganas de no ser llevado a cabo.
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