viernes, 27 de enero de 2012

QUIERO MOJAR MIS PALABRAS

Quiero mojar mis palabras y sacudirles el polvo, limpiar sus raspones, retocar las orillas, reacomodar sus silencios o llenarlos de tinta fresca, quiero acentuarlas donde me dé la gana. Quiero lavarles las manchas de café, cambiar las mayúsculas de lugar, escurrirles la sangre o salpicarlas, lavarles el pretérito a las que no lo merezcan y arrancarles la segunda persona del singular que las lastima.
Quiero quitarles la tierra, limpiarles la ceniza, ponerles saliva en las heridas y en las tildes, remarcar las eñes (que me dan risa), descoser las haches para ver qué se vuelven, deshacer los pronombres personales e inventar algo más general que no hable de ti o de mí, que no hable de ti conmigo.
Quiero limpiar el cochambre de mis palabras, escogerles el tiempo y el lugar, esconderles pistas y borrarles comas, darles espacio, teñirlas, cortarlas, secarlas, inflarlas, convertirlas, hacerlas verbo...llorarlas.

martes, 17 de enero de 2012

YA NO TE LLEVO

Ya no te cargo en la espalda ni te tengo en el pie izquierdo. No te has metido en mi almohada, no te llevo en el hombro ni te tengo en las palmas, no estás en las pantorrillas ni en los codos, ni has venido a mis lecturas de noche. Ya no te veo con el sol de domingo ni te he buscado, como antes, en los charcos que se forman los días grises.
Ya no estás en la repisa y te quité del buró.
No estás ni en mis rodillas ni en mis lagrimales ni estás en cada esquina del cuarto ni te tengo en la comisura de los labios. Ya no te llevo, como antes, a todas partes, ni te traigo en el pecho ni estás en la frente.
Ya no estás en mi desayuno ni te cargo en mi invierno. No te tengo en el balcón ni estás ya en el estómago. Ya no eres luna, no eres noche, no eres país ni fuego, no eres tierra o lamento. Ya no te llevo.
No estás ni en el ombligo ni en la oreja.
Ya no te metes por la garganta con el café ni apareces en el humo de mi cigarro.
Ya no vienes a mi sonrisa aunque mi sonrisa venga. Ya no estás en mi llanto aunque lo tenga.
Dejé de escurrirte hace tiempo y también dejé de sudarte. Ya no te cargo en los párpados. Ya no te llevo en la punta de mis dedos. Ya no estás en otras bocas ni en los ojos ajenos y dejé de buscarte entre las sábanas. Ya no vienes ni a mis libros ni a mis sueños. Ya no eres adjetivo ni eres verbo. Ya no eres selva, no eres desierto, no eres raíz ni tiempo, no eres lágrima o cielo. Ya no te llevo.
Pero a veces, de cuando en cuando... todavía te recuerdo.

viernes, 18 de noviembre de 2011

DESDE LA ALMOHADA HASTA EL NADIE

Cuántas sábanas y yo hueco, desde la almohada hasta el nadie. Cuánta noche sin sueño ajeno desprendido de un antes contigo, arrancado de un yo amante, descocido desde el colchón hasta la cintura del viento. Cuánto cuarto para uno sólo, cuánto mundo para un viajante, cuánta cama y yo sobrándome, roto desde la espalda hasta el invierno, amarrado desde el silencio hasta las ramas de mis lagrimales, contraído desde el pecho hasta la falta de ganas, apretado desde los verbos hasta el final de mis talones, ausente desde mis dedos hasta mis puntos finales al margen de mis olvidos. Yo tan memoria y tan ausencia de madrugada. Cuántas ausencias, memorias, olvidos, cuántos márgenes y puntos finales, cuántos dedos y talones y verbos, cuánto colchón y cuánto antes...pero qué poco después; cuánto yo hay esta noche, pero sobre todo ¡cuánto sin ti!

miércoles, 12 de octubre de 2011

ME PASA QUE ME ENFERMO

Me pasa que me enfermo de ciudad y de días grises, de ver los sueños colgados en las ventanas al lado de las toallas mojadas y la ropa blanca recién lavada en esta vecindad contemporánea de dioses olvidados, de ideales rotos y de sangre brotando de las coladeras.
Sucede que se me revuelve en el vientre la masa de soledades cuando paso caminando entre la fonda de Doña Inés y el despacho contable. Me enfermo y me duelen las plantas de los pies y las pestañas cuando camino junto a los abarrotes silentes y magullados, las cafeterías con su olor a sueños podridos, los jardines de excremento emocional, las calles que cruzan por los esfínteres del hombre, por la entraña que desemboca los domingos.
Hay días como hoy, en que me enfermo tan sólo por mirar hacia el vacío, ese abismo, allá en el horizonte, que aguarda la caída en serie de toda hormiga con portafolios, de todo ente que ni si quiera puede voltear a verse a sí mismo.
Se me espesa la sangre con grumos de indiferencia, escupo flemas de dolor ajeno, e impotente lloro, enfermo lloro...porque duele.

sábado, 8 de octubre de 2011

DEBO SACARTE DE MÍ

Debo sacarte de mí. Tal vez comience por dejar de pensarte en las mañanas. Y a partir de pasado mañana, o un día después, deje de beberte en el café. Me han dicho que me dé tiempo, yo más bien quiero regalarme soledad y algunas copas de vino para asentar las memorias y sudarte.
He pensado quererte unos días más, los suficientes para que mi piel te absorba, para que mis ojos te escurran; los necesarios para hacer arder al tiempo y mis palabras todas, las dichas y las pensadas, las espantadas, las amorosas, quemarlas todas y hacer una hoguera en silencio que nos caliente el pasado para poder enfriarlo con aquello que no se dice, con el silencio que queda entre dos que se amaron tanto.
Unos días más de quererte tanto para que sepas que lo hago y hagas de ese amor lo que te plazca: mirarlo, masticarlo, escupirlo, abrazarlo, aventarlo por la ventana o echarlo al baño. Suena inútil, lo sé, pero quiero unos días más para terminar de comprender cómo es que se borra el tiempo y se hacen morir los años.
Que amar es un delirio alucinante, un mal demente de los hombres, una costumbre masoquista, una perversa manía; pero dejar de hacerlo se parece tanto a la muerte misma.

EL ADIÓS TÁCITO

En el silencio postergado y corrupto se me caen ardiendo las manos y los ojos amargos; en la distancia se me tuerce el tiempo y te quiere volver fantasma, pero esta noche no que esta noche me volvió a quemar el adiós tácito, este adiós escondido por miedo a ser pronunciado pero contundente, aunque con ganas de no ser llevado a cabo.

sábado, 24 de septiembre de 2011

DETRÁS DE LAS CONSONANTES

Me voy a esconder esta noche detrás de las consonantes. Es posible, incluso, que me convierta en letra, en una "y" por ejemplo o en una "h" o hasta me vuelva un artículo personal de alguno de los personajes.
Me voy a perder en las letras de alguien más y quizás desaparezca y me transforme en novela para saberme entre comas, las comas me dan confianza. Y toparme con la doble intención de un punto y coma, con la convicción de un punto y aparte, con la certeza que sólo se encuentra en un punto final. Se me antoja ser una palabra como "infierno" por su fuerza, o una frase como "adorna de ilusión la casa en llamas" para saber que se siente.
Me voy a fugar y tal vez me encuentre en un paisaje inventado de un país desconocido. Voy a averiguar si la hache es muda en verdad, quiero estar entre paréntesis y vivir un tiempo entre comillas para hurgar en la habitación de Harry Haller.
Me voy a esconder esta noche detrás de las consonantes, si mañana no estoy no te sorprendas...sólo no me busques más.

DANIEL M. CERVANTES

miércoles, 7 de septiembre de 2011

REPARTICIÓN DE BIENES

Quédate con mi lado de la cama para que puedas extender tus brazos por las noches o para que lo compartas y si estás de acuerdo yo me quedo con el olor de tu almohada en lo que concilio el sueño. Te dejo el abrazo, el primero y el más fuerte, pero déjame conservar el resto para mi colección de sensaciones placenteras. Quédate con la risa silvestre que me arrancaste tantas veces involuntariamente, con las canciones de ese grupo argentino que tanto te gustó y con mi cepillo de dientes, puede servirte para limpiar el cochambre que se hace entre los mosaicos.
Déjame quedarme con el aire que pasaba por tu porche y el café de media tarde, pero te dejo el sonido ronco de mi voz al despertar y quédate también con el viento de mi balcón. Te dejo el sabor a ron de algunos besos y la caricia fácil de mis manos para cuando la soledad te agovie de más.
Me quedo con el danzón para bailarlo de vez en cuando, tú quédate con el Papaloapan y el rojo de mi piel cuando el sol (y cuando te acercabas mucho). Te dejo mis vuelos para cuando no quieras pisar tierra y me quedo con la tierra que me enseñaste para no tener que volar siempre.
Quédate con el tiempo, que a mí no me hace ya muchos favores y a ti puede regalarte tanto, pero me quedo con la planta de gran penacho que compramos, el sonido del acordeón, la sierra de Puebla y el sabor de tu boca después del tinto. Te dejo en el closet mi desfachatez para que te la pongas cuando quieras o la dejes en el buró mientras lees. Quédate con el brillo que te acostumbraste a ver en mis ojos. Déjame tú el brillo que me acostumbré a ver en tu alma. Te dejo mis torpezas y me quedo con tu agudez. Las culpas tirémoslas los dos en el bote de la basura. Te dejo la mayor parte de mis letras y algunos de mis insomnios, te doy mi plenitud para que la tengas bajo tu almohada y te regalo un sincero siempre. Finalmente te dejo una promesa: seguiré sonriendo. 
No ha sido necesario meter abogado en esto o si quiera ir ante notario pero de no estar de acuerdo con la repartición, siempre podemos volverlo a hablar.


Daniel M. Cervantes